Tres cosas famosas que surgieron de la impro

Debes entregar una propuesta para mañana. No se te ocurre nada. Juegas con un resorte fluorescente que tiras de una mano a otra, tienes mil papelitos con apuntes, y comes galletas con chips de chocolate. Y no se te ocurre nada. Pero la impro puede hacer que sí se te ocurra.

No sabemos si proverbio chino, frase de cajón y anónimo fueron personas reales, con nombres propios (Don Proverbio Chino, Doña Frase de Cajón y Mr. Anónimo); pero, al menos uno de ellos, dijo “Quien dice mentiras carece de imaginación, pues la realidad también es un invento”. También es posible que ninguno de ellos la haya dicho, sino que una vez la escuchamos por ahí.

Lo cierto es que las fronteras entre verdad y mentiras, realidad y ficción, Proverbio y Cajón son débiles. Todos lo sabemos. Lo que no siempre tenemos tan claro es que algunas verdades, realidades o productos que han salido al mundo (real) han surgido de momentos de confusión, error, accidente, casualidad…

Parece (no nos consta directamente, pero está muy documentado) que así le ocurrió a Richard Jones, un ingeniero naval que inventó (no es un chiste) el resorte de juguete. Ajá: EL RESORTE DE JUGUETE. Jones realmente quería diseñar un sistema de resortes para generar un medidor en barcos de guerra. Uno de los resortes saltó por accidente, siguió su camino, así como ahora los niños tiran el resorte de juguete, en colores neón; imaginamos el fracaso del ingeniero, y ahora veamos el éxito del invento por fuera de ese contexto inicial.

La impro empieza por asumir que no hay error. Esto significa: cualquier idea puede ser la base para una nueva historia. El error del ingeniero se convertía en diversión para niños. Tal como ocurrió en la famosa historia del post-it: Spencer Silver debía crear un pegamento más fuerte, pero tras años de trabajo lo único que había logrado era una pega de baja adherencia. Fue Art Fry quien vio en este pegante, que era un error, como una oportunidad: usarlo en papeles pequeños que se pueden adherir a un lugar u otro sin afectar las superficies.

En este momento, tenemos un post-it con un recordatorio: “Incluir la historia de los chips de chocolate”.

Esa es chévere: a Ruth Wakefield se le acabó el chocolate para hornear. Para sustituirlo, añadió trozos de chocolate, esperando que se derritieran en las galletas. Por sorpresa, el chocolate se conservó, y, nacieron las galletas con chips de chocolate.

Ahora puedes comer las galletas, jugar con el resorte y leer los recordatorios de los papelitos pegados en el escritorio. Puedes ver en ellos errores, accidentes o casualidades. Con esto, tal vez no tengas lista la propuesta, pero puedes empezar por las ideas que ya tienes en los papelitos y no descartarlas sino tomarlas como un punto de comienzo. Porque ya lo son.

Referencias
12 inventos accidentales (y exitosos)
Conoce los 10 mejores inventos descubiertos por accidente
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