Lo que bailar nos puede decir sobre la improvisación

25 mayo, 2019

Bailar en pareja, montar en bicicleta y saber nadar, tanto en río como en piscina, eran las redes sociales por la época de los que ahora sumamos más de 30 años. Si no lo aprendiste en su momento, es hora de saber por qué bailar nos dice tantas cosas sobre la impro.

Lo que ahora resuelven en términos sociales Facebook, Twitter e Instagram, lo cumplían a cabalidad bailar en pareja (Facebook), montar en bicicleta (Twitter) y nadar (Instagram). Cuando vivíamos en casas y barrios, como antes, nuestras formas de encuentro en lo social eran físicas: debíamos aprender a sincronizarnos corporalmente en los ritmos y los movimientos de los otros.

Eso, por supuesto, tenía múltiples desventajas (transpiración en los bailes, hongos en las piscinas, alguna infección por caída en la bicicleta). Pero, más allá de eso, tal parece que hemos logrado sobrevivir a la época. Y, de paso, aprendimos a bailar.

Pero si perteneces a otra generación (no tuviste raspones o infecciones…) tal vez no sepas bailar en pareja. O puede que sí, a través cursos o tutoriales, y no en la calle, cuando bailar era indispensable para ganar amigos.

Aquí presentamos tres razones por las cuales bailar en pareja nos enseña sobre la impro.

  1. Bailar con otro requiere escucharlo, seguir su ritmo, acoplarse a sus movimientos. Lo que en la impro se llama la escucha. Y la escucha, la disposición a dejarse invitar por la propuesta del otro, sí que hace falta hoy por hoy, cuando estamos tan lanzados a publicar lo que hacemos, lo que pensamos o lo que reclamamos. Bailar e improvisar nos invitan a lo contrario: escuchar, aceptar, seguir. “La idea del otro es más importante que la mía”.
  2. Bailar con otro implica cambiar de planes, ser flexibles. Estás en la pista bailando con el paso que te sabes de memoria; y, de repente, la música cambia: se acelera la velocidad, se pasa a otro género o se modifica el juego de luces. No puedes seguir con el paso que traías, hay que salir de la “zona de confort”. La impro es justo eso a lo que acudes cuando los planes rígidos que tienes ya no sirven para el contexto en el que ahora estás. ¿Qué hacer entonces? Básico: improvisar… es decir, dejarte llevar, por el nuevo ritmo, las nuevas luces o por la propuesta que te haga tu pareja.
  3. Bailar con otro te lleva a resolver cosas con el cuerpo (y no con la razón o el lenguaje). En la pista de baile es difícil hablar. La música está duro, la gente grita… Sólo te guía el movimiento. Y a menudo el bloqueo de las palabras nos pone en aprietos, pues el lenguaje lo usamos como una forma de controlar nuestra interacción con los otros. Pero al estar sin palabras no estamos incomunicados: nos queda el cuerpo. Al respecto, la impro tiene algo claro por decir: la acción es una forma de comunicación. De nuevo preguntarás… ¿qué hago? No hagas nada: fluye. Con la música, con tu pareja, con el momento… y si todo está siendo muy difícil, siempre queda el recurso a que grites: ¡TRENCITOOOOO!
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Perteneciente a la colección "los libros de todos nuestros males", el #LibroDeLaProcrastinación ubica al lector en una idea simple: la necesidad de dejar todo para el final (a veces, de los tiempos) es algo que se puede entender, gestionar y, desde herramientas básicas de la #IMPRO, hacer que juegue a favor.

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